El egoísmo es el mal del mundo
Resulta normal encontrar grafittis en nuestros ómnibus. Osmany el animal ama a Yurisleydis la dictadora, o Carlos el salvaje de Marianao. Para resaltar así el ego de todos los Osmany y dejar una huella circunstancial y anónima, pero que responde a su adolescencia y hasta falta de reconocimiento de sus autores.
Al encontrarse ómnibus convertidos en papiros no se puede más que lamentar esa chapucería. Si a ello se le suma el calor y el hacinamiento que se padece sobre esas ruedas, entonces no se ha llegado a un medio transporte, más bien se ha comenzado un viaje por el infierno para llegar al destino final.
Pero gran sorpresa la mía cuando empecé a encontrar frases de Martí en las puertas traseras de los ómnibus. “Esto ya es el colmo -pensé varias veces- además de los bustos martianos en las escuelas también frases martianas en las guaguas”. Muchas interrogantes comenzaron a venírseme arriba: quién las puso, responderá a alguna estrategia por el Aniversario 160 del Natalicio de José Martí, o quienes escribieron los grafittis decidieron limpiar su imagen colocando frases del Apóstol. Por supuesto que esta última pregunta tenía clara su respuesta.
Sin quererlo cada vez que subía a una guagua comenzaba a interpretar algunas de esas frases. Es como si alguna de mis profesoras de secundaria o preuniversitario estuvieran allí dictando la orden de un examen: “Lea detenidamente e interprete la frase siguiente de José Martí.”
