Por Wendy Guerra
Desde que tienes uso de razón te enseñan a pensar, actuar y decidir bajo el siguiente precepto: “Aquí todos somos iguales”.
En este criterio fuimos educados. Conocemos y respetamos la importancia de un barrendero o un ingeniero, un bailarín o un abogado, un boxeador o un bombero. Todo eso me parece tan justo como coherente. El problema no es quién eres o de dónde vienes, el problema es cómo te comportas en tu rol.
Hasta ahí lo de “ser igual”, funcionaría; pues refiere a seres humanos que se valoran (equitativamente) en los derechos y deberes partiendo de sus posibilidades efectivas.
Aquí estudias gratis, adquieres conocimientos sin límites, e incluso, somos una sociedad donde innovar significa salvar vidas; es ese el caldo de cultivo en la formación de personas que hoy buscan otros caminos para tener una vida digna.
Ya está demostrado, no todos somos iguales; ni en capacidad física, ni en actitud o aptitud, inteligencia, habilidad, voluntad, aspiración y preparación. El problema se complica, pues, el paternalismo oficial sigue hablando de igualdad mientras el sector privado se ve obligado a descartar empleomanía que no funciona en una sociedad voluble económicamente. Te paga en pesos cubanos, pero vives en CUC, trabajas para el estado pero no sobrevives con los frutos de esa labor.
El cubano, desde siempre, ha fundado ciudades, ha trabajado duro para llevar adelante misiones titánicas, muchas veces (a cambio de nada), pero, entre el igualitarismo y el poco estímulo al profesional, el desgaste salta a la vista.
Aunque el concepto marxista reza: “(…) cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”, esto aquí no se ha sabido aplicar. El ejemplo mayor son las variadas instituciones culturales dirigidas por personas que fueron rebajadas de su cargo en otros ministerios y terminan “tronados”, liderando programas, conceptos y proyectos ajenos a su entrenamiento o capacidad.
El paternalismo y el desorden en los centros estatales ha calado hondo, y como “aquí todos éramos iguales”, se han mezclado los roles y trocados los cánones y aspectos jerárquicos.
Las personas que han decidido abrir paladares, huertos, peluquerías, cafeterías y hostales en casas de familia, necesitan contratar empleados para las labores de limpieza y conservación. Del buen desempeño de sus trabajadores depende la calidad final del servicio. Se busca la excelencia en la atención que merecen quienes concurran a estos espacios alternativos. Seres honrados, curiosos, preparados y esforzados en impulsar la iniciativa privada con oficio y buena voluntad.
Miles de profesionales han dejado de ejercer su vocación a cambio de ganar las divisas necesarias para llevar una vida digna en Cuba. Donde, como en cualquier parte del mundo, ya existen filólogos que manejan un taxi, profesores que aprenden a cocinar comida vegetariana, terapeutas que cuidan niños pequeños y lo hacen con amor y ganas de encontrar el buen camino a la supervivencia.
En este escenario aparecen también quienes no desean esforzarse, y destrozan lo que tocan basados en la deformación profesional adquirida en anteriores experiencias laborales (tierra de nadie) donde se recita que: el cliente NO tiene la razón, pues, aquí todos somos iguales.
Asoman plomeros improvisados, cocineros mediocres, albañiles holgazanes, empleados domésticos indolentes, vigilantes o parqueadores irreverentes que desean ganar divisas sin mover un dedo, o en el peor de los casos, burlando normas esenciales de comportamiento. Llega el robo, la insubordinación, las faltas de respeto, y el mal trato a los clientes dentro del sector privado. Los problemas personales se trasladan al trabajo, justificándose así el ausentismo, la impuntualidad, el hurto y la afianzada incapacidad para el desarrollo.
¿Queremos, sabemos, podemos servir los cubanos?
¿Nos sentimos mal en el gesto de ofrecer nuestro esfuerzo al prójimo?
¿Acaso ocurre esto a los cubanos que emigran y deben trabajar duro pasa salir adelante en todas partes del mundo?
Son muchos años “haciendo como que trabajas para quienes hacen como que te pagan”.
Vivimos décadas aceptando maltratos en el servicio público, pues era este el único puente posible entre oferta y demanda. A pesar de nuestros estudios, a pesar de la instrucción, y salvo en raras excepciones, hay algo que nos falta en Cuba, la capacidad de servir con gusto y aplicación al prójimo.
Excelente e ilustrativo Artículo Carlos, el comunismo para mi es para los conformistas. Hay que luchar para obtener un mejor nivel de vida. Recuerda Dios dice ayudate que yo te ayudaré…..
Desgraciadamente es así… No lo ven como su trabajo… Se sienten como sí te estuvieran sirviendo de gratis…
Salí con una amiga que ya por hoy se le han bajado los zumos… Y me decías que cada vez que le decías en un restaurante ” a ver mamita que tu queres…” Le decía…. Yo no soy tu mama…
Pero creo que eso del mal servicio es un mal general del socialismo… Que aún hoy es muy difícil de cambiar como lote apreciado en visitas a los paises ex-socialistas….
No le falta ni una coma al artículo… Comparto!!!
somos iguales en el socialismo? eso es utopico o porque la sociedad cubana esta dividida en clases sociales el que no ve eso es porque esta ciego o de la cupula que pide austeridad y resistir mientras ellos y sus familiares viven en la opulencia el que no ve eso esta ciego y no existe vocacion de servicio porque no hay opciones el que trabaja con el publico cree estar haciendole un favor a el que va a comprar mientras saca su tajada del negocio y a el administrador tampoco le interesa porque esta en lo mismo