Tomado de Progreso Semanal
(Nota del Editor de Progreso Semanal): Dos importantes intelectuales cubanos, Esteban Morales y Luis Sexto, ofrecen su visión de algunos de los problemas de la prensa cubana. Aunque las dos opiniones pudieran parecer conflictivas, en realidad son aproximaciones que se complementan. Observadores conocedores del problema pudieran decir cuál de ellos tiene la razón. O si la tienen los dos.
Nota: Para entender esta polémica se recomienda leer primeramente el referido artículo de Esteban Morales “Algunos retos de la prensa cubana”
El cascabel del gato
Rápida opinión sobre otra opinión
La web repite ahora la misma receta: circula un nuevo artículo sobre la prensa cubana, escrito por un intelectual tan respetable como los autores de los textos anteriores, y con quien he coincidido habitualmente por la hondura y el saber de sus enunciados. Pero no por el prestigio del articulista he de renunciar al derecho de exponer mi parecer como parte del problema, aunque hasta el momento no integro la solución. Y como veremos, los que juzgan a la prensa, sin conocerla desde dentro, solo desde la percepción del lector, aunque de sabio lector, se quedan en la periferia y por tanto suelen no oler las esencias.
La prensa cubana es uno de los aspectos superestructurales en que aun mentes sólidas, cultas, incluso especializadas yerran con frecuencia cuando la enjuician. Y de cuanto uno ha leído sobre las deficiencias e insuficiencias de la prensa, casi todo termina en maledicencia, porque no toca el fondo. Arremeter contra la prensa compone, por supuesto, un modo muy superficial, y por ende cómodo, de expresar la beligerancia crítica en nuestra sociedad. Lo sabemos: un periódico, una revista, un programa informativo de la TV o la radio son un producto de consumo. Incluso, como la mercancía, se realizan en la circulación. Un periódico impreso que permanezca en los sótanos del poligráfico, sin que ningún ojo humano lo lea, no existe como documento informativo. De modo que, si existe, es susceptible de servir de diana a la opinión de los receptores.
Ahora bien, los criterios que justificadamente descalifican a la prensa cubana en su efectividad como producto informativo, adolecen de un enfoque astigmático al indicar que si la escriben o la hablan los periodistas, estos son los culpables de esos periódicos y espacios noticiosos de TV y radio sin interés, repetitivos, grises. Y uno entiende que nos invalidan como competentes profesionales. Los más aptos son los que no escriben en los medios. Y el doctor Esteban Morales, autor del artículo que comento, señala algunos nombres.
Y qué sería llegar al fondo del problema. Que excuse el doctor Morales si, tras leer su artículo dos veces, no lo he interpretado cabalmente. Pero en vez de aludir subliminalmente a periodistas y editores o emisores como los únicos responsables de la mala prensa y de que, incluso, no respondamos afirmativamente la invitación o exhortación de Raúl a terminar con el secretismo, habría que sumergirse hasta el lecho de la charca en que se debate nuestra prensa, y reconocer que discurre por los carriles de un sistema en el que los profesionales de la información somos, simplemente, instrumentos. No nos corresponde trazar las estrategias.
Los que critican la prensa actual han de saber que un medio depende fundamentalmente de las fuentes. Si las fuentes se cierran, el periodista o el reportero quedan con una información mediatizada, inofensiva, o sin ninguna. ¿Saben acaso quienes escrutan nuestro proceder que por norma nos han impedido la entrada hasta en una escuela primaria si no llevábamos un permiso del ministro? Imaginemos, así, cuánto significaría cruzar la puerta de una fábrica, o de una oficina de vivienda con fines de investigar periodísticamente sus realidades interiores. ¿Fue responsabilidad de Radio Reloj que no dijera rápidamente las causas del apagón casi general en el país la noche del 9 de septiembre próximo pasado para que al menos se enteraran los radioescuchas que poseen receptores de baterías? Razonablemente, esa u otra difusora debió esperar a que la Unión Eléctrica averiguara las causas de la falta del fluido y las comunicara en una nota. Ese proceso de indagación, según la hora en que fue firmado el breve informe oficial, duró algo más de dos horas, y si se pudiera considerar tardío, la demora no fue obra de Radio Reloj u de otro medio.
Algunos de nosotros, intentando ser más efectivos, han acudido a fuentes alternativas, pero afrontan un obstáculo: que estas no digan la verdad, o no pueda confirmarse, o que los editores no tengan confianza en la información, o hayan recibido instrucciones superiores de no publicar nada sobre cualquier tema o acontecimiento.
La falta de transparencia y el secretismo que tantas veces Raúl ha cuestionado no es obra de los periodistas. Al menos, si formamos parte de un sistema, mucho de cuanto hemos de decir corresponde decidirlo a ese sistema. Hemos de saber, para adquirir luces, que en Cuba aún existe la percepción de que fue la prensa la que derrocó el socialismo real. Muchos políticos y decisores tienen esa convicción. ¿Y no estarán nuestros medios limitados en sus posibilidades, no de demoler el socialismo, sino de ayudarlo a construir, por ese enfoque tan elemental? Como dijo, poco antes de fallecer, Carlos Rafael Rodríguez: Ya sabemos que la disolución de la Unión Soviética fue obra de un socialismo mal concebido y peor aplicado.
Y veamos lo más curioso de las acusaciones a nuestra prensa y a sus periodistas: algunos de cuantos las formulan por escrito u oralmente, fueron algunos de los que, en un tiempo, te decían: eso no se puede publicar… Ejercían entonces como directores o presidentes de instituciones y a la vez como censores. ¿Podemos describir lo que haya detrás de una pared, sin abrir un hueco o tratar de entrar por una puerta? Sepamos definitivamente que los medios no componen una cooperativa de profesionales de la información, dirigida endógenamente. Los periodistas nos debemos a una regulación exógena. Ah, y conozco a numerosos periodistas tan buenos como esos que el doctor Esteban Morales señala. Y también los conozco mejores, sin desdorar a los mencionados, cuyo periodismo suele hacerse para el extranjero.
Sostengo, además, que el congreso de la UPEC no podrá darnos más espacio. No le corresponde, porque no tiene capacidad política. Los delegados, estoy seguro, sí reclamarán lo mismo que el doctor Esteban Morales y otros sobresalientes intelectuales: el derecho a construir una prensa que se parezca a nuestro país, y satisfaga todo cuanto nos demandan lectores, televidentes y radioyentes. En ello estamos de acuerdo con nuestros contradictores. Tal vez, entre todos, pongamos el cascabel al gato.
En Cuba la prensa es aburrida y no creible, en mi casa delperiodico sólo leen la parte de deportes y tv lo demas no interesa porque dicen que todo es mentira
Bueno la verdad este es uno de los mejores articulos que he leido en años.
Paola
La prensa debe ser el contrapeso para protegermos de los desmanes,corrupcion y violaciones de las libertades individuales del gobierno de turno, por supuesto que eso no pasa en Cuba. no hace falta teorizar como ocurre con este articulo por cierto muy bueno, se sabe que los medios informativos en cuba son propiedad el gobierno y esa es la realidad.
los medios de prensa y la internet la mayoria de los que entran lo hacen desde el puesto de trabajo defendiendo a el patron que les paga y les deja usar el internet despues tienen el coraje de llamarnos asalariados a los que entramos al internet desde nuestras casas pagados con el sudor de nuestro trabajo quienes son los asalariados?
No me propongo atribuirme el descubrimiento del agua tibia, no, pero Morales en su escrito expone uno de los puntos neurálgicos del periodismo en Cuba ( prefiero hablar de periodismo y no de prensa) y la contraparte, periodista por cierto, defiende su posición exhortando a Morales que “ponga los pies en la tierra”, porque piensa que Morales debe saber que los periodistas en Cuba no tienen acceso a las fuentes de información. ( Me pregunto qué clase de periodista se queda de brazos cruzados cuando va por la información que necesita y se la niegan). Sin embargo también él tiene parte de la razón.
Pero el asunto del ejercicio del periodismo en Cuba y su improcedencia conceptual se asemeja a la impartición de la justicia en Cuba ( tema que domino más), pero que da la medida más exacta. Veamos. Cuando nos enfrentamos en un proceso judicial un ente privado contra una empresa estatal comparecen dos de las tres partes del debido proceso civil cubano (demandante, demandado), y la tercera parte, el tribunal, se constituye al ser declarado procedente la demanda. Si prestaron atención tenemos una ecuación inequívocamente inquietante, o no ?. Por qué ?; muy simple: los tribunales son órganos no electos, sino designados, o sea, el estado o el actor del organo de la administración pública lo designa después de ser evaluado su curriculum, que por cierto debe reunir ser militante del partido unico cubano o Comunista. Se va entendiendo ?.
El asunto es que la lid es de 2 contra uno y amarrado, por cierto. Al final el concepto de justicia es el que pierde.
Cómo solucionar este problema básico ?. No imaginen que voy a proponerlo, ustedes lo saben.
En cuanto al periodismo sucede lo que está a la vista: A quiénes pertenecen los medios ?. Pues bien, el que paga es el que manda y en Cuba, amigos, todos sabemos quién es el que manda aunque ya ni paga.